#22 ENTRE L’AGRESSIÓ I L’OBLIT | HABITATGES TÒQUIO (1955-1959) | FRANCESC MITJANS | REVISITAT MARTA PERIS (Peris+Toral arquitectes) - arqxarq
#22 ENTRE L’AGRESSIÓ I L’OBLIT | HABITATGES TÒQUIO (1955-1959) | FRANCESC MITJANS | REVISITAT MARTA PERIS (Peris+Toral arquitectes)

#22 ENTRE L’AGRESSIÓ I L’OBLIT | HABITATGES TÒQUIO (1955-1959) | FRANCESC MITJANS | REVISITAT MARTA PERIS (Peris+Toral arquitectes)

En aquesta 22ª publicació d’Entre l’Agressió i l’Oblit, comptem amb una reflexió de Marta Peris (Peris+Toral arquitectes) sobre l’edifici d’habitatges Tòquio (1955-1959) de Francesc Mitjans, situat als Jardins de Tòquio s/n, Barcelona. L’edifici no ha sofert alteracions significatives al llarg dels anys i est troba en bon estat de conservació.

Fotos actuals: Salva López, Cesar Mesa, Marta Peris

Fotos originals: Quaderns d’Arquitectura a Catalunya

Documentació gràfica: Arxiu Històric del centre de Documentació del COAC

Al revisitar el edificio de viviendas Tokio de Mitjans llama la atención a primera vista que, para un edificio de ocho viviendas más ático, organizadas en una agregación de dos viviendas por rellano, el arquitecto disponga de dos ascensores y dos escaleras. Si bien es habitual en la época la previsión de un montacargas de servicio, no lo es tanto la aparición de la segunda escalera. Podría justificarse con el mero hecho de que es el programa residencial más generoso de superficie por vivienda que aborda el arquitecto, con más de 600m2 por planta y 300m2 por vivienda. Sin embargo, dada la importancia que Mitjans concede a la especialización de las circulaciones y del programa que responde al modo de vivir de la burguesía de los años 50, cabe sospechar que se debe a algún otro motivo.

Una constante en todos los proyectos residenciales de Mitjans es la aparición de una secuencia de espacios, concatenados y articulados ligeramente en diagonal, que desde la fachada principal se extiende en profundidad hasta alcanzar el núcleo vertical. Al quedar comunicados entre sí por generosos pasos de puerta, la entrada de luz procedente de la fachada del edificio se adentra hasta el corazón de la planta.

(fig.0) Edificio SEIDA, Barcelona. Detalle de la planta anteproyecto.

Mitjans prioriza la sistematización de estas habitaciones comunicantes, de manera que todas tienen dimensiones parecidas, favoreciendo la ambigüedad de uso; siempre a costa de estrangular la franja servidora, cuyos espacios de grano más pequeño permiten articulaciones y retranqueos de otra escala, capaz de adaptarse a la geometría del espacio servido. La última estancia de la secuencia, el vestíbulo, es la pieza de medida más variable y su dimensión está relacionada con la ocupación del núcleo vertical. En una época en la que la casa era un espacio para la sociabilidad, especialmente de las mujeres, este espacio adquiría un carácter representativo del estatus de la familia. De ahí su antigua denominación, recibidor, que daba cuenta de cómo se utilizaba para acoger la costumbre de asiduas visitas. No sorprende entonces, en un contexto fuertemente clasista, la preocupación por separar ambas circulaciones, y garantizar que, especialmente en el vestíbulo, nunca se crucen. Este dato explica hasta qué punto son determinantes, en la configuración de la planta, además de la cuidada estructura, variables como la organización del núcleo vertical, el desembarco directo del montacargas a la zona servidora o el número de cruces entre los jerarquizados recorridos, así como la dimensión y la posición relativa del vestíbulo en relación con la profundidad edificable.

En las viviendas Tokio, de 1957, la condición exenta del edificio y el generoso programa de una única agregación de dos viviendas por rellano permite que la vivienda goce de tres fachadas, de forma que todas las piezas son exteriores y no necesite patios. La profundidad edificable se acorta en relación con proyectos anteriores, de manera que la planta de la vivienda se acerca a una proporción cuadrada y la escalera de evacuación se sitúa en la fachada noreste, pues es tal el perímetro exterior que la ocupación de la escalera no penaliza la ventilación de la vivienda (fig.1). Los ascensores se agrupan frente a la escalera, capiculados para desembarcar en dos rellanos diferenciados, el de servicio que conecta directamente con la zona servidora; y el principal, que junto a una escalera noble ocupa el centro de gravedad de la planta. El doble acceso, al comunicar directamente con la cocina y la habitación de servicio sin cruzarse en ningún punto con el espacio familiar, aumenta la sensación de intimidad de los dos hogares que conviven en la misma casa, pues entran y salen sin interferencias mutuas.

(fig.1) Edificio Tokio Barcelona.

El vestíbulo ya no se alarga en profundidad, sino que lo hace en horizontal hasta alcanzar la crujía central de la sala. Se trata de una sala diáfana, sin muros de carga que la compartimenten en habitaciones comunicantes, pero con una precisa retícula de pilares que acotan y reproducen las tres áreas que conviven en el mismo espacio: la zona de la chimenea pegada a la medianera, un ámbito central más indeterminado y el comedor al final de la secuencia, conectado con el pasillo a través de un umbral con doble puerta. Este es el punto crítico de la planta donde las dos circulaciones se cruzan, tras salvar el vestíbulo. A partir de este punto, un pasillo articulado en L y provisto de almacenaje conduce hacia las habitaciones. La principal se dispone en la fachada suroeste ocupando la cuarta crujía, a continuación del comedor, y asomándose a la terraza corrida que recorre todo el edificio de extremo a extremo para disfrutar del sol y las vistas a la plaza de los Jardines Tokio. Otras dos habitaciones, orientadas a la avenida Pedralbes, quedan relegadas al fondo de la planta y una cuarta habitación aprovecha el testero para su iluminación y ventilación.

Por primera vez, la zona servidora, que en ejemplos anteriores ventilaba siempre a través de patios, se sitúa en fachada. No sorprende que Mitjans recurra a una terraza corrida de ajustadas dimensiones que deje en segundo plano el alzado coherente con el programa y construya una doble piel de lamas orientables que, además de protección solar, filtre la domesticidad de las ventanas de servicio. Frente a la cocina, dicha terraza se amplía para albergar la zona de tendido de la ropa que queda retrasada y oculta a la mirada tangencial desde las habitaciones principales. En el testero sur, Mitjans repite el mismo mecanismo para ocultar el baño de la suite. Podríamos decir que, en este proyecto, al reducirse la profundidad edificable y ganar la fachada de los testeros, los antiguos patios de ventilación se despliegan y desdoblan en sutiles dobles pieles que, a la vez que protegen la intimidad de las habitaciones y sus ocupantes, tapan aquello que siempre había estado encerrado en el edificio y oculto a la ciudad. Habría que contextualizar esta decisión en la Barcelona de los años 50 para valorar en su justa medida la transgresión que supuso para la sociedad del momento.

Resulta curioso que, mientras en proyectos anteriores resalta a primera vista la especial habilidad de Mitjans articulando el interior en ricas secuencias espaciales que desafían la profundidad de la planta evitando largos pasillos; la planta del edificio Tokio, que recoge la herencia de todo el proceso proyectual del arquitecto a través de distintos encargos, no tenga ningún rasgo especialmente destacable. Se constata que, ante un enunciado parecido, la dimensión crítica de parámetros como la profundidad de parcela, la longitud de fachada o la combinación de ambos suponen un reto que hace tanto más visible la brillantez y el ingenio del arquitecto. Además, se podría debatir, sin llegar a ninguna conclusión inequívoca, sobre la diferencia de habitar un gran espacio diáfano, paralelo a fachada y con la misma intensidad y calidad de iluminación, o una secuencia de habitaciones comunicantes con gradientes de luz e intimidad, a medida que se adentra hacia el corazón de la planta.

Sin embargo, sí reconoceremos que este edificio es un punto de inflexión en la trayectoria de Mitjans, en tanto que a partir de la fecha, sea cual sea la tipología edificatoria y la profundidad edificable, se trate de un edificio entre medianeras como el CYT (fig.2) o aislado como el Seida (fig.3), ambos de 1958, ya no volverán a aparecer patios interiores sino que la planta se organizará en un esquema en peine donde la fachada se replegará hacia el interior para ventilar algunas habitaciones, la escalera y la zona servidora. Como si la doble piel del edificio Tokio hubiera liberado a Mitjans de la necesidad de interioridad hasta el punto de confiar en la geometría del vacío para dejar en segundo plano “aquello” que ya no volverá a ocultarse.

(fig.2) Edificio CYT, Barcelona, 1959-1960.

(fig.3) Edificio SEIDA, Barcelona, 1959-1967.

También se trata de un punto de inflexión respecto al papel conformador del espacio vacío, antaño casi residual, lo necesario para garantizar las condiciones higienistas del patio y la habitabilidad de la vivienda; y que a partir del Seida adquiere el potencial para conformar la volumetría y, en consecuencia, alcanza un papel de escala urbana.

Hasta aquí podemos concluir que las circulaciones son clave en la toma de decisiones de proyecto para Mitjans, pero aún no se puede explicar la decisión de la segunda escalera del edificio Tokio. Volviendo a la planta no parece difícil imaginar una solución en la que el ascensor y el montacargas se hubieran separado lo suficiente como para conectar el rellano de planta con la escalera, como Mitjans hará más tarde en el edificio de La Colmena. Esta opción evitaría la aparición de una segunda escalera que, de hecho, es tan prescindible que desaparece en la planta quinta, en la que la agregación cambia a una vivienda por rellano. Se trata de un ático y sobreático desarrollados en dúplex donde el ascensor desembarca directamente en la vivienda, prescindiendo del vestíbulo de planta (fig.4 y 5).

(fig.4) Edificio Tokio. Planta tipo.

(fig.5) Edificio Tokio. Planta ático.

Al eliminar el núcleo que ocupaba el centro de gravedad y obstaculizaba la unión de dos viviendas en una, Mitjans replantea la distribución, que poco tiene que ver con la de la planta tipo. Tres crujías estructurales permiten organizar el programa por franjas. Una primera banda apoyada sobre la fachada noreste contiene los espacios servidores: cocina, office, sala de plancha y lavadero, dormitorios de servicio, sala de masaje y baño-gimnasio. Un grosor de armarios, baños y ascensores funciona como un diafragma que absorbe los umbrales de conexión entre las dos circulaciones. En la segunda crujía estructural, una franja central alberga una secuencia de habitaciones comunicantes de tamaño equivalente. El hall y la biblioteca ocupan el centro, hacia el testero norte la biblioteca abre paso a los vestidores de la habitación principal, conectados con el baño y la sala de masaje.

Hacia el testero sur aparece el comedor conectado con la cocina a través de un umbral al que Mitjans denomina antecomedor. Desde este distribuidor se accede a un paquete habitacional que ventila por el testero y su doble piel, formado por dos dormitorios y un baño. Y en el centro de la primera crujía aparece la sala de estar separada de la sala del piano por dos peldaños, flanqueadas por dos habitaciones exteriores. Estas terrazas descubiertas se intercalan en la secuencia espacial que culmina en el dormitorio principal. Aquí sí se rastrea una constante en Mitjans que consiste en trascender el programa para buscar una planta muy permeable al paso, el aire y la mirada, que supera la distinción entre zona de día y de noche al separar las habitaciones, buscando privacidad en los extremos de la planta. Una secuencia de habitaciones comunicantes de múltiples puertas de doble hoja, desfasadas al tresbolillo, se relacionan visualmente en diagonal y se van conectando sin recurrir apenas a ningún pasillo, en una superficie de más de 600m2 de vivienda. La estructura portante es en el ático más coincidente con la estructura del espacio que en la planta tipo, hasta el punto que podría interpretarse que el proyecto se plantea desde la quinta planta. Esta decisión sería coherente con el encargo, pues el cliente era la propietaria del ático, que de hecho encargó a Mitjans una residencia unifamiliar en la avenida Pedralbes y el arquitecto la convenció para construir un edificio de vivienda colectiva. Este mismo argumento nos lleva a analizar la planta baja, donde Mitjans ofrecía a la residencia de lujo un vestíbulo de escala de edificio colectivo. Entre los documentos que constan en el Archivo Histórico del COAC, una axonometría pone en relación estos dos estratos del edificio y omite casi en su totalidad el cuerpo intermedio del edificio, sintetizando la casa que Mitjans ofrece a su cliente (fig.6).

(fig.6) Edificio Tokio. Axonometría.

Dado que el emplazamiento del proyecto se sitúa en una zona donde el tejido urbano se esponja en zonas verdes y no hay un uso intensivo ni comercial de la planta baja, Mitjans puede vaciarla con grandes porches, que generan una profunda línea de sombra que protege el acceso, y dotar de un amplio hall al edificio. Se trata, en realidad, de dos vestíbulos, pues también en la cota cero se jerarquizan las circulaciones con un doble acceso. Son tales las dimensiones de este espacio de transición que se entiende que la ajustada distancia entre el ascensor y la escalera de evacuación, en proporción a la escala del espacio, llevara a Mitjans a disponer de una segunda escalera noble (fig. 7).

(fig.7) Edificio Tokio. Plano de emplazamiento.

El trazado circular de la escalera le concede una cualidad y una autonomía objetual que, a la vez que absorbe de manera muy natural el aumento de altura de la planta baja, añadiendo peldaños al desarrollo helicoidal, le permite orientarse hacia el acceso que Mitjans sitúa en el testero, ofreciendo una amplia perspectiva protagonizada por dos elementos: la escalera y un muro revestido de piedra, con reminiscencias a Mies van der Rohe, tras el cual se esconde el vestíbulo de servicio y el puesto del portero, que asoma lateralmente. Dicha perspectiva se alarga en el reflejo del espejo, alineado con la puerta de acceso, lo justo para aumentar la profundidad del espacio sin llegar a reflejar la escalera. El efecto consiste en ampliar el espacio en lugar de duplicarlo. A estas alturas ya podríamos interpretar que, si normalmente en los edificios residenciales acostumbra a bajarse el orden de la planta tipo a la planta baja, en este caso la escalera circular surge de una necesidad de dotar de carácter a la planta baja del edificio. El mismo tipo de escalera que Mitjans dispone en programas no residenciales como la sede del Banco Atlántico o la sede del Consorcio de Zona Franca.

El mobiliario y los materiales de este vestíbulo calefactado, la madera revistiendo el techo, la moqueta forrando el suelo y el cuero acolchando la puerta del ascensor, transmiten hasta qué punto en este espacio intermedio asoma el interior, más que penetra el exterior. Una delicada losa, sobre la que flotan los paramentos acristalados, queda separada por unos peldaños de la cota cero.

Esta voluntad de desligarse del suelo explica la necesidad de no bajar la escalera helicoidal al aparcamiento, siendo la escalera de servicio la que perfora este nivel para enraizar en el suelo. Por debajo de la losa, pasa una topografía cuidadosamente moldeada por Mitjans para recibir al edificio. El acceso al aparcamiento se produce por la cota más baja de la parcela, mientras el acuerdo de rasantes se resuelve con taludes y parterres verdes. En lugar de esconder la rampa del parking, el carril que conduce al aparcamiento atraviesa la parcela y se desdobla para desencochar bajo el porche, reflejo de una época en que se exhibía el recorrido del coche. En la axonometría no aparecen personas, pero sí un coche estacionado a pie del vestíbulo.

Desde la avenida Pedralbes, la visión del peatón, ligeramente elevada, repara en la generosa y elegante transparencia. Entre sutiles reflejos, la mirada atraviesa la caja de vidrio hasta alcanzar los jardines Tokio, mientras el resto de la calle se blinda al viandante con densos setos vegetales. A medida que cae la noche, cuando la iluminación exterior cede a favor de la interior, una cálida esfera de papel irradia luz y gravita a pocos centímetros del suelo, atrapando magnéticamente la mirada y convirtiéndose en el tercer protagonista del espacio.

Mitjans, al tiempo que convence a su cliente, le ofrece residir a la cota de cubierta, donde la visión del monasterio de Pedralbes y el skyline de la ciudad bien compensan el despegarse del suelo, y un vestíbulo donde el verdadero lujo es el espacio, dejando además una joya para la ciudad.

 


 

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