Entrevista a Deyan Sudjic | Anatxu Zabalbeascoa - arqxarq
Entrevista a Deyan Sudjic | Anatxu Zabalbeascoa

Entrevista a Deyan Sudjic | Anatxu Zabalbeascoa

El director del Museo del Diseño de Londres reflexiona sobre las ciudades y su configuración, y alude a los extraordinarios cambios que experimentó la humanidad en el siglo XX

Publicado en el domingo 1 de marzo del 2015 en el suplemento EL PAÍS SEMANAL

Arquitecto, crítico y director de museo. ¿También usted se ha reinventado para sobrevivir?

Cuando estudiaba pensaba que el resto de mi vida trabajaría como arquitecto, pero cambiar de profesión te permite ver el mundo de otra manera.
¿Qué le ha hecho cambiar?

Descubrir el placer de mirar. Tratar de comprender.

Bajo la apariencia de un diccionario, su libro B de Bauhaus es autobiográfico. ¿Por qué?

Me llevó un tiempo conseguir la confianza para usar la palabra”yo” en un periódico. Pero escribí un articulo sobre mi regreso a Belgrado, de donde habian emigrado mis padres, que conectó con mucha gente.

Sus padres llegaron atener seis nacionalidades y eso le ha hecho ver la identidad como algo provisional. ¿Qué hace que nos sintamos de un lugar?

Las ciudades tienen identidades más acogedoras que las naciones. Uno tiene el plano de la ciudad en la que ha crecido en la cabeza y luego lo utiliza para comparar el mundo. En cualquier sitio trato de averiguar cual es el equivalente al este, al norte o al sur de Londres.

Londres ha cambiado radicalmente desde que usted era un niño.

Una ciudad no es una obra de arte, solo prospera si permite el cambio. El peligro surge cuando deja de ser capaz de reinventarse, como le sucedió a Detroit. Desde las ventanas del Museo del Diseño veo aparecer, año tras año, una erupción de rascacielos poco distinguidos. Hace 15 años, la idea de construir uno en medio de Londres hubiera sido ridicula.

Los cataries están comprando su ciudad ediflcio a edificio.

No tengo nada contra los cataries, me preocupan más algunos rusos. Pero en Londres, y en otras ciudades, se están vendiendo los activos. Hay edificios en los que no vive nadie porque los han comprado como si fueran un lingote de oro en la caja fuerte del banco. Eso crea calles y barrios muertos, aumenta el precio de los pisos cercanos y, al final, termina por destrozar las cualidades que atrajeron la inversión inicial. Desde un punto de vista prátctico no tiene sentido. Pero siempre me he preguntado si los urbanistas podian hacer cambiar realmente las ciudades o si solo estaba en sus manos predecir 1lo que iba a pasar. Es como adivinar que va a llover o hacer que llueva.

¿Cómo se mide el éxito de una ciudad?

La más exitosa es la que tiene el mayor número de habitantes con la mayor opción de elección. En Inglaterra inventamos la revoluci6n industrial, creamos ciudades industriales, y la élite decidió que quería vivir en el campo, en el paisaje más bien. Hay un mito sobre la autenticidad de la vida rural, pero yo siempre he visto el otro lado. Mis abuelos venían de un pequeño pueblo en la antigua Yugoslavia donde, si eras distinto a tu vecino, tenías problemas. No era el lugar para ser gay, por ejemplo. Una ciudad modelo te permite ser sincero cuando quieres serlo.
Sudjic se crio en Acton, un barrio periférico de clase media al oeste de Londres. De adolescente le incomodaba la visita de sus abuelas,
que viajaban en tren desde Montenegro con un cerdo asado envuelto en papel de estraza. El pequeño de tres hermanos fue un niño
introvertido. Le llevaban 11 afños; habian nacido en Londres durante la II Guerra Mundial. Luego sus padres regresaron a Belgrado.
“Y solo cuando mi padre perdió la fe en el comunismo volvieron a Londres, donde yo nací. Me crié solo. Al ir creciendo caes en que tus padres no hablan como los demás. En aquella época Londres no era una ciudad tan cosmopolita como hoy. Tener un nombre impronunciable me incomodaba’.

¿Cuánto le costó hacer las paces con su pasado?

Todavía estoy en ello. Pero voy a Belgrado una vez al año.

Tardó 25 años en regresar a la ciudad de la que habían llegado sus padres. Y lo hizo cuando su periódico lo envió.

La costa de Montenegro está destrozada, pero Belgrado fue un lugar interesante con arquitectura tradicional y un club de escritores.
También está el restaurante al que solía ir Tito. Supongo que al viajar allí me fui dando cuenta de que, aunque suene perfectamente
inglés y durante años rechacé la idea de ser de allí, debo mucho a mis padres por tomar la decisión de regresar a Reino Unido… Con
el tiempo uno se interesa por saber de dónde llega. El único Nobel yugoslavo, Ivo Andric escribió El puente sobre el Drina, la biografía de un puente levantado en el siglo XVI por los turcos y destrozado en la última guerra mientras los psicópatas serbios mataban a los bosnios. Explica tanto del país de mis padres como de la historia de Europa. El imperio austro-húngaro y el otomano pueden parecer historia antigua, pero son pasado reciente que redibujó el mapa de Europa.

El Tribunal Internacional de Justicia de la ONU ha decidido que Serbia y Croacia no cometieron genocidio.

Me consuela que muy pocas de esas personas ostenten ahora el poder, en ambos lados. Pero, por supuesto, debían haber sido juzgados. El padre de Sudjic, Mishia, fue un periodista radiofónico, simpatizante del régimen de Tito, que cubrió los juicios de Nuremberg. Y del que el arquitecto terminó heredando la profesión, además de una”discreta pero irritante tos para llamar la atención”. “Mi padre y mi madre eran miembros del partido de Tito, lo que no deja de ser extraño porque mi abuelo era coronel y ella decidió casarse con un comunista. Supongo que en España hubo casos similares. En 1938 hubo una revuelta en la Universidad de Belgrado. Destrozaban los laboratorios de química porque los habían pagado los alemanes. Mi madre participó en ese saqueo. Pero solo me lo contó un par de años antes de morir, cuando ya era una anciana de 80 años muy respetable y respetuosa’.

Usted forma parte del establishment no solo británico, sino también internacional. ¿Se ha sentido alguna vez inmigrante?
No, nunca. En una ocasi6n, en Glasgow, me acusaron de set un colono inglés [risas]. Pero nada más.

¿EI siglo XX ha sido el de las grandes migraciones?
Todos lo son. La diferencia es que ahora son reversibles. Cuando mis abuelos emigraron a América puede que regresaran cada 10 años. Eso ha cambiado. La transición ahora es menor. No permea tanto a las personas, no las transforma completamente.

Para ilustrar la importancia del diseño en la transformación de la vida recuerda que el tetrabrik hizo que los japoneses comenzaran a beber leche hace poco, en los años setenta. El paso de lo analógico a lo digital está transformando nuestros rituales cotidianos.

¿Qué vamos a ver cambiar?

Si fuera estudiante de Medicina, estaría nervioso. La digitalizaci6n y la robótica van a llegar allí. Tras la física, la edición, el diseño.., les ha llegado el turno.
Mi cardiólogo cambió de profesión. Se convirtió en dermatólogo. Cuando le pregunté por qué, me contestó que la medicina en su antiguo campo se había convertido en algo tan mecánico que el contacto con el paciente estaba desapareciendo. Los libros son de los pocos objetos con los que mantenemos una relación afectiva.

¿Cómo ve su futuro?

Las ventas de estanterías se están hundiendo, no es una buena señal. Mi hija de 25 años se queja de haber nacido demasiado tarde o demasiado pronto. No es nativa digital y considera que nosotros somos unos privilegiados porque, por lo menos,conocimos bien el mundo analógico.

¿Tiene libro electrónico?

Compré un Kindle. Pero solo lo he usado dos veces. No dejan de aparecer y desaparecer objetos en esta era. Nuestra cultura es perecedera, pero si no necesitamos escribir, llegará un momento en que no necesitemos leer. Así es que la tecnología nos podría devolver a una cultura prealfabetizada. No sé si pasará, pero es interesante considerar que podría suceder.

¿Le da miedo el mundo digital?

Me parece extremadamente narcisista contar lo que uno anda haciendo. Ciento cuarenta caracteres es la extensión de los mensaies que la gente escribe en los baños públicos. Twitter puede ser además un paredón de linchamiento. No lo considero necesario. Igual me ha pillado mayor.

En otro de sus libros, El lenguaje de las cosas, describe cómo la industria de la moda ha exportado su acelerado modo de producción a otros campos, como la edición o el diseño, creando temporadas y colecciones de rápido consumo.

El mundo es insaciable. La digitalización nos lleva a cambiar de móvil porque aparecen otros más pequeños y más inteligentes. Esos aparatos han acabado con la película fotográfica, con las cámaras, con las tiendas donde comprabas las cámaras, con las fábricas donde se producían, con el sistema de distribución, y no solo eso, también están terminando con las librerías, las imprentas… Sin embargo, en esa progresiva desmaterialización tal vez exista un consumo libre de culpa.
¿Envejecer le ha hecho más o menos libre? Lo pregunto porque parece decir lo que piensa y, sin embargo, seguro que tuvo cuidado cuando aceptó escribir la biografia de Norman Foster.

Cuando solo era periodista podía ser más maleducado por escrito de lo que puedo ser dirigiendo un museo. Pero eso no tiene que ver con la libertad. Tiene que ver con la manera de comunicarse.

Sí se atreve a criticar por escrito al Comité Olímpico -“un grupo de ancianos con ética cuestionable que viaja por el mundo en lujo de seis estrellas”-, al que acusa de privatizar la palabra “olimpiada’.

Son un Estado paralelo. Supongo que queda más lejos de mi casa y eso faciltca hablar de ellos. Los periodistas se sienten presionados a ejercer un tipo de crítica con licencia para ser cruel. A mi me incomoda que alguien pueda disfrutar por el hecho de haber hundido a otra persona. No hace falta hundirlos ni ser mal educado. Pero se supone que las biografías y los periódicos están para contar la realidad.

¿Se siente usted tan libre cuando le encarga una biografía Norman Foster como cuando describe a Rem Koolhaas como “Savonarola en un traje de Prada’?

Al ir viviendo desarrollas relaciones personales que, sin duda, transforman la dinámica de la critica. Puedes intentar no tener amigos, claro.

O puedes elegir no escribir sobre tus amigos. Rem Koolhaas le resulta un personaje incómodo. En su nnevo libro asegura que “acepta encargos del poder que critica asegurando que hace subversión desde dentro. Así, se ha convertido en parte de lo que denuncia con tanta pasión”. Y sin embargo sigue siendo el gran referente arquitectónico. ¿Por qué?

Porque tiene un cerebro impresionante. Y carisma. Cuando se atraviesa un periodo histórico de incertidumbres, el que parece tener certezas es el escuchado. Una oficina como la suya florece porque atrae a una nueva generación convencida de que ellos saben cómo será el futuro. Esa juventud lleva nueva energía al estudio. Asi, el sistema se retroalimenta como un círculo vicioso.

¿Dónde arrancaron los arquitectos estrella?

En los setenta, la fe en la arquitectura se desmoronó. La utopia prometida por la modernidad había producido tugurios. Eso hundió la confianza de yen los arquitectos. De figuras heroicas pasaron a ser cabezas de turco. Esa situación no podía durar eternamente y la generación siguiente levantó la autoestima. Convertirse en personaje para darse a conocer es un recurso clásico. Lord Byron se
hizo grabar un ridículo retrato de si mismo con un disfraz turco en la primera edición de sus poemas. Creó un mito alrededor suyo. Piense en Napole6n… Es una técnica. La autoridad llega de poner un rostro. Supongo que los arquitectos descubrieron esa técnica.

¿Cual es su gusto arquitectónico?

Soy muy conservador.

Pero le pidi6 a Jan Kaplicl de Future Systems que diseñara su piso con hinchables y acero inoxidable.

Entonces (en 1988) pensaba que tenia cierta responsabilidad con lo que defendia.
¿Por qué la arquitectura fascista estaba tan cerea de la comunista?

Los regímenes autoritarios intimidan con el mismo repertorio de trucos: cosas grandiosas que parecen reflejar autoridad. Lo que ocurrió fue que los rusos construyeron mucho más porque Stalin permaneció en el poder más que Hitler, y al final la gente hace
suya esa arquitectura. Incluso en Varsovia, los polacos defienden su Palacio de Justicia, un regalo de Stalin.

¿Qué supo ver venir cuando ejercia de crítico en The Observer?

Analicé temprano y con escepticismo el fenómeno Bilbao, los edificios espectáculo. Lo que hizo triunfar a los arquitectos estrella es que su fama ayudaba a elegir a gente sin conocimiento ni
criterio.

¿Qué no supo ver?

Recuerdo que escribi que CanaryWharf (un barrio de negocios al Este de Londres) nunca se construiria. El director del Pompidou, Alfred Pacquement, declar6 que un museo no es una ffibrica de Coca-Cola. Pero poco despu~s su propio centro comenz6 a tener sucursales.

~Es la franquicia el futuro de los grandes museos?

No funcionan muy bien. El futuro est~i en la cooperacidn. La vieja idea de construir la colecci6n mayor y mejor ya no tiene sentido. Si lo tiene compartir. Es m~s civilizado.

¿Cual es el papel de los museos como autentificadores, decidiendo qué es importante y qué no? Usted cuenta Io que le costó a Giorgio Armani exponer en el Guggenheim de Nueva York: 15 millones de dó1ares. ¿Quién entra en los museos?¿EI que más paga?

Es un asunto pertinente. Nuestro museo funciona con muy poca financiación pública. Vivimos de vender entradas, objetos y cafés. O de permitir que la gente alquile el local para casarse, si eso es lo que quieren hacer. Preparamos una exposición sobre Camper que se inaugurará en verano. Hart sabido apostar pot disefiadores j6venes. Y los zapatos son una manera directa de hablar al pfúblico sobre diseño. ¿Es publicidad para Camper? Si solo fuera eso, estaríamos despreciando el futuro de nuestro museo.

¿Qué le llev6 a prestar atención a las ciudades?

En los noventa, mi editor me pidió que escribiera un libro sobre la gentrificación: la expulsión de los habitantes del centro urbano para encarecer sus pisos y revenderlos. Me interesé sobre lo que sucedía. La forma tradicional de la ciudad con un mercado, una universidad y un periódico que acababa en el campo estaba cambiando. Los contenedores estaban matando a los muelles porque los barcos tan grandes no pueden llegar hasta los puertos, que se han quedado pequeños. Por aquel entonces, en Londres, las redacciones de los periódicos estaban abandonando Fleet Street para trasladarse al extrarradio. Quise entender qué quería decir todo aquello.

¿Qué ayuda a entender las ciudades?

Es necesario ser curioso y caminar. Aunque [el crítico] Reyner Banham dijo una vez que habíaa aprendido a conducir para poder leer Los Angeles en versión original.

~Es el momento del urbanismo de base, de aprender de lo espontáneo, lo informal y no planificado?

Los dos son necesarios, Los tugurios de Bombay son más sostenibles que muchas de nuestras ciudades, ¿Cómo se adecentan para hacerlos más humanos? Una de las intervenciones consiste en aumentar los baños públicos para conseguir un nivel de dignidad que no existe. Puede que con intervenciones pequeñas puedan hacerse más civilizados. El plano de las calles de Tokio es tan denso que si estuviera en India se convertiría en tugurio. No es solo el urbanismo lo que decide una ciudad.

¿Los tugurios son hoy más reales que las ciudades globalizadas?

No comparto el pesimismo de Mike Davis. “Tugurio” era una palabra que nos asustaba, pero esconden muchas realidades. Algunos son amenazas para la vida, otros tienen el brillo de la gente que está tomando el mando de su vida y meiorándola. De eso podríamos aprender. Mucha de la investigación y la tecnología necesaria para idear el jet, Internet o frenar la malaria ha dependido de la inversión en desarrollo militar durante las guerras.

Sin embargo, salvo en el que usted dirige, las colecciones de los museos de antropología o de diseño no tienen armas de fuego. ¿Hasta qué punto la hipocresía decide lo que se expone como buen diseño?

Los museos de artes decorativas suelen tener espadas, que incomodan menos. El buen diseño se ha asociado siempre a un disefño moral, y eso no tiene sentido. Lo que hace buenos o malos los objetos es el uso que les dan las personas. La moralidad de los objetos está en otro lado: en si son fáciles de reparar, en si aguantarán muchos usos…

¿Por qué diseñadores más cruciales, los que idean coches, aviones u ordenadores, no son conocidos?

No todo el mundo necesita escribir un manifiesto. Hay quien prefiere concentrarse en solucionar problemas que en brillar socialmente.

¿Qué necesita un objeto para permanecer?

Nos sugieren y recuerdan cosas. Nos cuentan historias sobre quién los hizo. El mundo digital está cambiando eso.

¿Qué nos hablará en el futuro de las personas que hicieron las cosas?

El mundo digital convierte a la gente en inmortal. Cada cosa que dices en público queda registrada y podría durar para siempre.

Foto de portada de Jordi Socías