"La arquitectura, más que social o barata, está condenada a ser sensata" - arqxarq

La arquitectura, más que social o barata, está condenada a ser sensata” _ Ramón Pico Valimaña Arqto

 

La arquitectura, más que social o barata, está condenada a ser sensata” _ Ramón Pico Valimaña Arqto

 

Publicado el domingo, 16 de noviembre de 2014 en EL MUNDO

 

CARLOS MÁRMOL SEVILLA | Portuense de nacimiento y sevillano de elección. Su padre preside la academia de Bellas Artes del Puerto; la familia de su madre fue la propietaria del cine Macario, al que Ruibal dedicó una canción. Él se dedica a la arquitectura. Es profesor en la Hispalense y comparte estudio con el onubense Javier López. Juntos han sido premios FAD y finalistas del Andalucía de Arquitectura. Autores de la remodelación del Sendero Pinar de la Algaida y del colegio Reyes Católicos de Cádiz. Decano de los arquitectos gaditanos entre 2007 y 2011, hace unos meses fue el protagonista del anuncio que BMW rodó en Sevilla para vender al mundo sus bicicletas. Interior día.

Pregunta.- ¿Por qué Andalucía no está vertebrada tres décadas después de la autonomía?

Respuesta.- Hemos mejorado en infraestructuras, pero determinados territorios siguen funcionando con las inercias del aislamiento histórico. El Campo de Gibraltar y Cádiz son un buen ejemplo. Nuestra gran asignatura pendiente es la red ferroviaria, que es absolutamente deficitaria. Mientras no se resuelva esto la vertebración de Andalucía seguirá coja.

P.- ¿Se ha hecho buena arquitectura en los últimos diez años en el Sur?

R.- Yo creo que sí, pero ha sido mal vendida a la sociedad y al exterior. Otras regiones la han explotado mucho mejor. Nos proyectamos peor, aunque la arquitectura andaluza es comparable a la de Madrid o Barcelona. La media es de notable. Y contamos con personajes excepcionales.

P.- Parte de esa arquitectura responde a un proyecto político que ambicionaba representar Andalucía de otra forma.

R.- La apuesta de las administraciones no ha sido integral. La Junta es un sistema de cajones estancos: hay departamentos que valoran la arquitectura más que otros. Algunos, como Educación, han dejado de hacerlo con la excusa de la crisis.

P.- ¿Se puede hacer buena arquitectura con poco dinero?

R.- La arquitectura andaluza es buena, entre otras razones, porque nunca ha dispuesto de excesivos recursos. La contención es nuestra marca. Hacer un proyecto con un presupuesto modesto obliga a los arquitectos a olvidarse de alardes y tonterías.

P.- Hay quien piensa que la arquitectura contemporánea no tiene que ver nada con la identidad de Andalucía.

R.- La identidad de Andalucía está presente en los nuevos edificios. Existe una renovación formal, pero se mantienen elementos de nuestra cultura: la luz, los muros o las formas puras. Nuestra arquitectura no se parece nada a la que se hace en Hannover.

P.- ¿Cómo se explica entonces que muchos ciudadanos no entiendan los rasgos de la contemporaneidad arquitectónica?

R.- Es verdad que hay rechazo social, pero no es algo exclusivo de Andalucía. En ciudades como Sevilla quizás sea más patente, pero pasa en muchas otras partes del mundo.

P.- La mentalidad popular admite la innovación arquitectónica sólo en las periferias; en los cascos históricos, no.

R.- Se piensa que la arquitectura contemporánea vale extramuros y no en el centro de una ciudad, pero esto significa que no se percibe el vínculo de lo nuevo con la tradición. Un patio siempre será un patio con independencia de su forma. Existen invariables arquitectónicas que forman parte de nuestra forma de vida, aunque su aspecto cambie. Poner rejas tradicionales en un edificio es una mera cuestión de epidermis. Lo que ocurre es que no hemos sabido explicarnos. Tenemos que cambiar de registro: con los vecinos de un barrio no podemos hacer un discurso intelectual. También se han hecho barbaridades: operaciones en cascos históricos que no son arquitectura, sino pura especulación, aunque los edificios estén firmados por arquitectos.

P.- ¿Cuáles son los retos de las ciudades andaluzas?

R.- Hay líneas claras, como la rehabilitación de barriadas de los años 50 y 70. Polígonos residenciales excelentes sobre plano que, sin embargo, tienen carencias de mantenimiento, dotaciones y accesibilidad. Otro campo, del que todavía no se ha dicho nada, son los suburbios de baja densidad.

P.- ¿Las urbanizaciones que en la burbuja inmobiliaria se vendían como el paraíso?

R.- Las urbanizaciones unifamiliares han arrasado las periferias. Todos sabemos que este modelo de crecimiento está mal hecho y no funciona. La decepción con el paraíso ya se ha producido. Tenemos que reciclarlas y transformarlas en verdaderas ciudades.

P.- En esa Andalucía suburbial vive buena parte de la élite política autonómica.

R.- Estas urbanizaciones provocan problemas ambientales y tienen un coste muy alto que está pagando toda la sociedad. Es un tema que jode a mucha gente, pero debemos enfrentarnos con él, lo mismo que con los espacios urbanizados en los que no se ha construido. Son auténticas ruinas modernas, una verdadera ciudad interrumpida.

P.- ¿Qué opina de la decisión de la Junta de legalizar las construcciones ilegales?

R.- No la comparto. Es imposible de explicar a quien hace las cosas legalmente, como el particular que paga una licencia para reformar su casa. Estoy perplejo ante el discurso político que defiende tolerar una ilegalidad. Supongo que es parte de la corrupción en la que vivimos.

P.- Impunidad para unos, ley para otros.

R.- Se está ayudando a muchos propietarios irregulares a avalar barbaridades. En Cádiz querían que los arquitectos firmásemos cheques en blanco para legalizar estas viviendas. Hacerlo atenta contra la sociedad y contra los profesionales: un arquitecto no puede decir que una vivienda irregular está bien hecha. Las casas ilegales, además, se están vendiendo a extranjeros.

P.- ¿Las capitales andaluzas están preparadas para el envejecimiento de la población?

R.- Vamos con retraso. El libro blanco del envejecimiento activo de la Junta no dice ni una palabra sobre urbanismo. Olvida que el espacio donde viven las personas mayores son las ciudades. Nuestro modelo urbano permitiría abordar este problema con un coste bajo: las urbes medias son excelentes para envejecer si se mejoran los espacios públicos y la movilidad. La personas mayores quieren tener contacto social. Los modelos suburbanos, en cambio, fomentan el aislamiento y la segregación.

P.- ¿La arquitectura está condenada a ser low cost?

R.- Más que barata o social está condenada a ser sensata. Y eso requiere trabajo: implica investigar y descartar propuestas. Proyectos como las setas de Sevilla son la antítesis de la arquitectura integradora. La arquitectura no tiene que ser siempre muda, sino decir ciertas cosas con el registro adecuado.
 

Foto portada extraida de plataforma arquitectura | Proyecto de rehabilitación del Molino Mareal de “El Pintado”/ Manuel Fonseca Gallego – Estudio ACTA

Publicado el domingo, 16 de noviembre de 2014 en EL MUNDO

 

CARLOS MÁRMOL SEVILLA | Portuense de nacimiento y sevillano de elección. Su padre preside la academia de Bellas Artes del Puerto; la familia de su madre fue la propietaria del cine Macario, al que Ruibal dedicó una canción. Él se dedica a la arquitectura. Es profesor en la Hispalense y comparte estudio con el onubense Javier López. Juntos han sido premios FAD y finalistas del Andalucía de Arquitectura. Autores de la remodelación del Sendero Pinar de la Algaida y del colegio Reyes Católicos de Cádiz. Decano de los arquitectos gaditanos entre 2007 y 2011, hace unos meses fue el protagonista del anuncio que BMW rodó en Sevilla para vender al mundo sus bicicletas. Interior día.

Pregunta.- ¿Por qué Andalucía no está vertebrada tres décadas después de la autonomía?

Respuesta.- Hemos mejorado en infraestructuras, pero determinados territorios siguen funcionando con las inercias del aislamiento histórico. El Campo de Gibraltar y Cádiz son un buen ejemplo. Nuestra gran asignatura pendiente es la red ferroviaria, que es absolutamente deficitaria. Mientras no se resuelva esto la vertebración de Andalucía seguirá coja.

P.- ¿Se ha hecho buena arquitectura en los últimos diez años en el Sur?

R.- Yo creo que sí, pero ha sido mal vendida a la sociedad y al exterior. Otras regiones la han explotado mucho mejor. Nos proyectamos peor, aunque la arquitectura andaluza es comparable a la de Madrid o Barcelona. La media es de notable. Y contamos con personajes excepcionales.

P.- Parte de esa arquitectura responde a un proyecto político que ambicionaba representar Andalucía de otra forma.

R.- La apuesta de las administraciones no ha sido integral. La Junta es un sistema de cajones estancos: hay departamentos que valoran la arquitectura más que otros. Algunos, como Educación, han dejado de hacerlo con la excusa de la crisis.

P.- ¿Se puede hacer buena arquitectura con poco dinero?

R.- La arquitectura andaluza es buena, entre otras razones, porque nunca ha dispuesto de excesivos recursos. La contención es nuestra marca. Hacer un proyecto con un presupuesto modesto obliga a los arquitectos a olvidarse de alardes y tonterías.

P.- Hay quien piensa que la arquitectura contemporánea no tiene que ver nada con la identidad de Andalucía.

R.- La identidad de Andalucía está presente en los nuevos edificios. Existe una renovación formal, pero se mantienen elementos de nuestra cultura: la luz, los muros o las formas puras. Nuestra arquitectura no se parece nada a la que se hace en Hannover.

P.- ¿Cómo se explica entonces que muchos ciudadanos no entiendan los rasgos de la contemporaneidad arquitectónica?

R.- Es verdad que hay rechazo social, pero no es algo exclusivo de Andalucía. En ciudades como Sevilla quizás sea más patente, pero pasa en muchas otras partes del mundo.

P.- La mentalidad popular admite la innovación arquitectónica sólo en las periferias; en los cascos históricos, no.

R.- Se piensa que la arquitectura contemporánea vale extramuros y no en el centro de una ciudad, pero esto significa que no se percibe el vínculo de lo nuevo con la tradición. Un patio siempre será un patio con independencia de su forma. Existen invariables arquitectónicas que forman parte de nuestra forma de vida, aunque su aspecto cambie. Poner rejas tradicionales en un edificio es una mera cuestión de epidermis. Lo que ocurre es que no hemos sabido explicarnos. Tenemos que cambiar de registro: con los vecinos de un barrio no podemos hacer un discurso intelectual. También se han hecho barbaridades: operaciones en cascos históricos que no son arquitectura, sino pura especulación, aunque los edificios estén firmados por arquitectos.

P.- ¿Cuáles son los retos de las ciudades andaluzas?

R.- Hay líneas claras, como la rehabilitación de barriadas de los años 50 y 70. Polígonos residenciales excelentes sobre plano que, sin embargo, tienen carencias de mantenimiento, dotaciones y accesibilidad. Otro campo, del que todavía no se ha dicho nada, son los suburbios de baja densidad.

P.- ¿Las urbanizaciones que en la burbuja inmobiliaria se vendían como el paraíso?

R.- Las urbanizaciones unifamiliares han arrasado las periferias. Todos sabemos que este modelo de crecimiento está mal hecho y no funciona. La decepción con el paraíso ya se ha producido. Tenemos que reciclarlas y transformarlas en verdaderas ciudades.

P.- En esa Andalucía suburbial vive buena parte de la élite política autonómica.

R.- Estas urbanizaciones provocan problemas ambientales y tienen un coste muy alto que está pagando toda la sociedad. Es un tema que jode a mucha gente, pero debemos enfrentarnos con él, lo mismo que con los espacios urbanizados en los que no se ha construido. Son auténticas ruinas modernas, una verdadera ciudad interrumpida.

P.- ¿Qué opina de la decisión de la Junta de legalizar las construcciones ilegales?

R.- No la comparto. Es imposible de explicar a quien hace las cosas legalmente, como el particular que paga una licencia para reformar su casa. Estoy perplejo ante el discurso político que defiende tolerar una ilegalidad. Supongo que es parte de la corrupción en la que vivimos.

P.- Impunidad para unos, ley para otros.

R.- Se está ayudando a muchos propietarios irregulares a avalar barbaridades. En Cádiz querían que los arquitectos firmásemos cheques en blanco para legalizar estas viviendas. Hacerlo atenta contra la sociedad y contra los profesionales: un arquitecto no puede decir que una vivienda irregular está bien hecha. Las casas ilegales, además, se están vendiendo a extranjeros.

P.- ¿Las capitales andaluzas están preparadas para el envejecimiento de la población?

R.- Vamos con retraso. El libro blanco del envejecimiento activo de la Junta no dice ni una palabra sobre urbanismo. Olvida que el espacio donde viven las personas mayores son las ciudades. Nuestro modelo urbano permitiría abordar este problema con un coste bajo: las urbes medias son excelentes para envejecer si se mejoran los espacios públicos y la movilidad. La personas mayores quieren tener contacto social. Los modelos suburbanos, en cambio, fomentan el aislamiento y la segregación.

P.- ¿La arquitectura está condenada a ser low cost?

R.- Más que barata o social está condenada a ser sensata. Y eso requiere trabajo: implica investigar y descartar propuestas. Proyectos como las setas de Sevilla son la antítesis de la arquitectura integradora. La arquitectura no tiene que ser siempre muda, sino decir ciertas cosas con el registro adecuado.
 

Foto portada extraida de plataforma arquitectura | Proyecto de rehabilitación del Molino Mareal de “El Pintado”/ Manuel Fonseca Gallego – Estudio ACTA

- "La arquitectura, más que social o barata, está condenada a ser sensata" -