Modernidad recuperada | Llàtzer Moix + Josep Playà - arqxarq
Modernidad recuperada | Llàtzer Moix + Josep Playà

Modernidad recuperada | Llàtzer Moix + Josep Playà

Publicat el 24 de desembre de 2013 a La Vanguardia

Hace cinco años le preguntaron al arquitecto y urbanista Xavier Subias por el encargo de la Facultad de Derecho de la Universitat de Barcelona, un hito de la modernidad arquitectónica local. Publicado el 24 de diciembre de 2013 en La Vanguardia

Hace cinco años le preguntaron al arquitecto y urbanista Xavier Subias por el encargo de la Facultad de Derecho de la Universitat de Barcelona, un hito de la modernidad arquitectónica local. “Fue un encargo a dedo -respondió-. Tras las protestas estudiantiles de 1956, el franquismo tenía prisa por sacar esa facultad de la plaza Universitat y llevarla al desierto de la Diagonal. Se la encargaron a Pedro López Íñigo, que trabajaba en el Ayuntamiento, y que dijo que aceptaba si la hacía con Guillermo Giráldez y conmigo. Teníamos poco más de treinta años”. Aquel encargo, a dedo y franquista, dio lugar a lo que Oriol Bohigas describió como “el primer edificio público moderno y civilizado construido en Catalunya tras la Guerra Civil”. Un edificio que mereció el primer premio FAD, en 1958, con su conjunto racionalista de cajas ensambladas de acero, hormigón y vidrio. A veces la historia tiene estas paradojas.

Xavier Subias Fages, fallecido el viernes en Barcelona a los 87 años, nació en 1926. Solía decir, medio en broma, que había nacido dos veces, ambas en Figueres. La primera el 13 de junio de 1926 cuando dio a luz su madre, Conxita Fages i Neyra de Gorgot. La segunda en enero de 1937, cuando él y su familia sobrevivieron a un bombardeo de la aviación franquista cuyo objetivo era la estación de tren, donde paraban las Brigadas Internacionales. Vivían en una casa cercana a la estación que diseñó el arquitecto Azemar y quedó destrozada. Su padre, el profesor Joan Subias Galter, que tenía el encargo de custodiar el fondo de arte del Museo Arqueológico de Catalunya, decidió entonces que debían irse de la ciudad. Y acertó. Días más tarde, otra bomba atravesó la casa familiar.

La familia Subias pasó el resto de la guerra en Darnius, en Can Descals, cerca de la frontera, y en febrero del 39 cruzó a Francia. El exilio duró unos meses, hasta que Joan Subias optó por volver, aunque eso le costó ser expedientado y depurado. Fueron años difíciles. Se instalaron en Barcelona, donde Xavier estudió Arquitectura y su hermano Antonio, Medicina. Para pagarles la carrera, su padre, amigo de Dalí, se vendió dos cuadros: Cadaqués, un regalo de boda, y L’estació de Figueres, dañado por los bombardeos.

Tras pasar por la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona (ETSAB), donde se tituló en 1951, y tras estudiar urbanismo en Madrid, Xavier Subias entró como funcionario en el ayuntamiento barcelonés, dirigido por José María de Porcioles, de quien decía ser uno de los escasos defensores. En el consistorio, Subias desarrolló entre otros el Plan de la Diagonal y el Plan de la red de vialidad primaria, decisivo para las futuras rondas. Más tarde, tendría un papel muy relevante en el Plan General Metropolitano de 1974.

La trayectoria arquitectónica de Subias -que fue decano del Colegio de Arquitectos de Catalunya entre 1968 y 1970- está ligada a la de Pedro López Íñigo y Guillermo Giráldez, con quienes estudió en una ETSAB todavía muy clasicista y formó despacho profesional en 1956, para participar en un concurso de viviendas en Madrid, que serían su primera obra. La segunda fue la ya citada facultad de Derecho de Barcelona, proyectada en tres meses y construida en nueve. Allí evidenciaron su admiración por la obra del GATCPAC, logrando un edificio que, pasado más de medio siglo, conserva toda su funcionalidad, sencillez, elegancia y ligereza, y es paradigma de la modernidad arquitectónica recuperada.

López Íñigo, Giráldez y Subias (LIGS) proyectaron y construyeron en decenios posteriores numerosos edificios de gran escala, sin parangón por calidad y cantidad en su generación, a menudo con medios materiales que hoy parecerían tremendamente escasos. Entre ellos, la facultad de Ciencias Económicas, el Polígono de Montbau (una parcela de 31 hectáreas con más de 2.000 viviendas en primera fase y un planteamiento ejemplar), el Polígono Sudoeste del Besòs (con unas 5.000 viviendas), las viviendas de Gran Via 156 o de Diagonal-Ganduxer-Bori Fontestà, la clínica Dexeus, el hospital Oncológico Duran i Reynals, la escuela Betània-Patmos, la escuela CICF, la Universitat Autònoma de Barcelona… En este recorrido fueron evolucionando desde principios miesianos y lecorbuserianos hacia un arquitectura de acento brutalista, pero lejos del monumentalismo franquista siempre, y actuando siempre con un entusiasmo, un entrega y una discreción infrecuente en nuestros días.

“Xavier Subias -recordaba ayer Pablo López, hijo de Pedro López Íñigo- ha sido un profesional volcado en su trabajo, gran conocedor del urbanismo, capacitado para todas las tareas de la arquitectura, curioso e infatigable. Como sus socios, siempre trabajó concentrado en cada obra, olvidándose de buscar publicidad para ella”. Acaso porque -como decía, con modestia, el propio Subias-, “he sido un arquitecto de oficio y un constructor más o menos ilustrado… convencido de que todo lo que hiciera debía tener una razón de ser y fines sociales”.“Fue un encargo a dedo -respondió-. Tras las protestas estudiantiles de 1956, el franquismo tenía prisa por sacar esa facultad de la plaza Universitat y llevarla al desierto de la Diagonal. Se la encargaron a Pedro López Íñigo, que trabajaba en el Ayuntamiento, y que dijo que aceptaba si la hacía con Guillermo Giráldez y conmigo. Teníamos poco más de treinta años”. Aquel encargo, a dedo y franquista, dio lugar a lo que Oriol Bohigas describió como “el primer edificio público moderno y civilizado construido en Catalunya tras la Guerra Civil”. Un edificio que mereció el primer premio FAD, en 1958, con su conjunto racionalista de cajas ensambladas de acero, hormigón y vidrio. A veces la historia tiene estas paradojas.

Xavier Subias Fages, fallecido el viernes en Barcelona a los 87 años, nació en 1926. Solía decir, medio en broma, que había nacido dos veces, ambas en Figueres. La primera el 13 de junio de 1926 cuando dio a luz su madre, Conxita Fages i Neyra de Gorgot. La segunda en enero de 1937, cuando él y su familia sobrevivieron a un bombardeo de la aviación franquista cuyo objetivo era la estación de tren, donde paraban las Brigadas Internacionales. Vivían en una casa cercana a la estación que diseñó el arquitecto Azemar y quedó destrozada. Su padre, el profesor Joan Subias Galter, que tenía el encargo de custodiar el fondo de arte del Museo Arqueológico de Catalunya, decidió entonces que debían irse de la ciudad. Y acertó. Días más tarde, otra bomba atravesó la casa familiar.

La familia Subias pasó el resto de la guerra en Darnius, en Can Descals, cerca de la frontera, y en febrero del 39 cruzó a Francia. El exilio duró unos meses, hasta que Joan Subias optó por volver, aunque eso le costó ser expedientado y depurado. Fueron años difíciles. Se instalaron en Barcelona, donde Xavier estudió Arquitectura y su hermano Antonio, Medicina. Para pagarles la carrera, su padre, amigo de Dalí, se vendió dos cuadros: Cadaqués, un regalo de boda, y L’estació de Figueres, dañado por los bombardeos.

Tras pasar por la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona (ETSAB), donde se tituló en 1951, y tras estudiar urbanismo en Madrid, Xavier Subias entró como funcionario en el ayuntamiento barcelonés, dirigido por José María de Porcioles, de quien decía ser uno de los escasos defensores. En el consistorio, Subias desarrolló entre otros el Plan de la Diagonal y el Plan de la red de vialidad primaria, decisivo para las futuras rondas. Más tarde, tendría un papel muy relevante en el Plan General Metropolitano de 1974.

La trayectoria arquitectónica de Subias -que fue decano del Colegio de Arquitectos de Catalunya entre 1968 y 1970- está ligada a la de Pedro López Íñigo y Guillermo Giráldez, con quienes estudió en una ETSAB todavía muy clasicista y formó despacho profesional en 1956, para participar en un concurso de viviendas en Madrid, que serían su primera obra. La segunda fue la ya citada facultad de Derecho de Barcelona, proyectada en tres meses y construida en nueve. Allí evidenciaron su admiración por la obra del GATCPAC, logrando un edificio que, pasado más de medio siglo, conserva toda su funcionalidad, sencillez, elegancia y ligereza, y es paradigma de la modernidad arquitectónica recuperada.

López Íñigo, Giráldez y Subias (LIGS) proyectaron y construyeron en decenios posteriores numerosos edificios de gran escala, sin parangón por calidad y cantidad en su generación, a menudo con medios materiales que hoy parecerían tremendamente escasos. Entre ellos, la facultad de Ciencias Económicas, el Polígono de Montbau (una parcela de 31 hectáreas con más de 2.000 viviendas en primera fase y un planteamiento ejemplar), el Polígono Sudoeste del Besòs (con unas 5.000 viviendas), las viviendas de Gran Via 156 o de Diagonal-Ganduxer-Bori Fontestà, la clínica Dexeus, el hospital Oncológico Duran i Reynals, la escuela Betània-Patmos, la escuela CICF, la Universitat Autònoma de Barcelona… En este recorrido fueron evolucionando desde principios miesianos y lecorbuserianos hacia un arquitectura de acento brutalista, pero lejos del monumentalismo franquista siempre, y actuando siempre con un entusiasmo, un entrega y una discreción infrecuente en nuestros días.

“Xavier Subias -recordaba ayer Pablo López, hijo de Pedro López Íñigo- ha sido un profesional volcado en su trabajo, gran conocedor del urbanismo, capacitado para todas las tareas de la arquitectura, curioso e infatigable. Como sus socios, siempre trabajó concentrado en cada obra, olvidándose de buscar publicidad para ella”. Acaso porque -como decía, con modestia, el propio Subias-, “he sido un arquitecto de oficio y un constructor más o menos ilustrado… convencido de que todo lo que hiciera debía tener una razón de ser y fines sociales”.