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Motor de cambio | Moisés Gallego

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Publicado el domingo, 18 de mayo del 2014, en La Vanguardia

Albert Viaplana (1933-2014) ArquitectoPublicado el domingo, 18 de mayo del 2014, en La Vanguardia

Albert Viaplana (1933-2014) Arquitecto

La arquitectura de Albert Viaplana ha sido motor de cambio en Catalunya para enfocar los valores que precisaba la nueva e incipiente democracia. Hacía falta desechar de una vez por todas los restos de un academicismo rancio y ciertas prácticas profesionales de carácter mercantilista. Los proyectos presentados a concurso por el estudio Viaplana – Piñón en los años ochenta devenían auténticos acontecimientos en el debate arquitectónico. Los edificios mostraban una elementalidad de formas y pureza fascinante, aunque la presencia de Eduard Miralles como colaborador del estudio no debe obviarse.

Pero no fue hasta sus primeras obras construidas cuando el estudio se dio a conocer al gran público. Los primeros trabajos que tuvieron una importante difusión correspondieron a espacios públicos: el parque del Besòs, el cementerio de Badalona y la plaza de la estación de Sants son tres buenos ejemplos en la manera de proyectar los espacios abiertos.

Para el estudio de arquitectos el rechazo absoluto a toda forma conocida era una norma básica, ya que no servía a sus intereses. El material podía surgir de la interpretación de un cuadro de Miró refundido en una pavimentación (cementerio de Badalona) o la disposición de bolas esféricas de hormigón prefabricado para marcar un camino emulando otro cuadro del mismo artista, como se hizo en el parque del Besòs.

Los restos de hierros entrecruzados en las playas para evitar un desembarco de tropas, como que se mostraban en las películas bélicas, les inspiraban unas balizas de iluminación (parque del Besòs). Una plancha de acero recortada con forma de gato en actitud vigilante se deposita sobre una pérgola aun a altura imposible de llegar para el animal (plaza de la estación de Sants). Aun báculo de semáforo se le cuelga en su extremo superior un reloj que marcará siempre las 9.50 en alusión a la importancia de la precisión del tiempo en las cercanías de toda estación (plaza de Sants) ya sí se podía añadir un interminable etcétera de episodios transformados en arquitectura que definían una nueva manera de concebir los proyectos.

Fragmentos entresaca dos de cuadros de pintura, sensaciones físicas experimentadas o transmitidas, recuerdos de imágenes de la infancia magnificadas en el tiempo por el impacto causado en la memoria; relatos de poesía o cualquier hecho cotidiano, servían para organizar un proyecto. Sólo se precisaba abstraerlos y convertirlos en material constructivo. Tras ello surgía un nuevo mundo de formas que cautivaron a todo el continente.

La influencia de Viaplana en las nuevas generaciones de arquitectura desde los años ochenta hasta finales de siglo fue indiscutible. Su trayectoria docente reforzaba su difusión ya que también como profesor tuvo una trascendencia similar. Así ayudó a colocar a Catalunya en la vanguardia arquitectónica.

Las maneras de proyectar de las nuevas generaciones se adaptaron al uso de las nuevas formas y sistemas de composición. La plaza de la estación de Sants, galardonada con el premio FAD en 1985, fue la pieza singular en el camino de peregrinación de todos los arquitectos europeos que recalaban en nuestra ciudad para comprobar los nuevos paradigmas en la proyección del espacio urbano.

Cuando llegó el turno a los edificios construidos ocurrió algo parecido. Las elementales geometrías que parecían inmateriales en los proyectos de concurso empezaron a tomar forma y con ello la fascinación de verlos realizados con una fidelidad milimétrica a como fueron dibujados: un centro ambulatorio en Osona, una biblioteca en Sant Just Desvern, el centro de arte Santa Mónica en la Rambla de Barcelona , los edificios puente de la Vila Olímpica y la reforma de un antiguo complejo de caridad en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), que a mi juicio ha sido su mejor obra.

El CCCB aporta elementos en su organización interior que fueron de una novedad extraordinaria. Elementos que han sido objeto de reinterpretaciones en otras arquitecturas. No es exagerado decir que varias aportaciones de Viaplana fueron objeto de relecturas y referencias en otras construcciones.

La arquitectura de Albert Viaplana tuvo una tremenda incidencia en Barcelona como demuestran el Hilton de la Diagonal, el hotel Barceló en la cubierta de la estación de Sants, el edificio Maremàgnum en el puerto, junto a la pasarela como continuación de la Rambla y finalmente la plaza Lesseps.

La urbanización de la plaza Europa en l’Hospitalet y la ejecución del primer anillo de edificios de oficinas que permitiría entender la complejidad y el acierto del espacio urbano quedarán como proyecto inacabado cuya valoración precisa de su total terminación, aspecto que la crisis del sector ha impedido.

Albert Viaplana nos ha dejado un 14 de mayo en su localidad natal (Vinebre), pero nos queda su enorme legado, que muchos arquitectos y amantes de su arquitectura tendremos presente y nos acompañará a través de su pensamiento, de sus proyectos y obras, de sus escritos y dibujos.

La arquitectura de Albert Viaplana ha sido motor de cambio en Catalunya para enfocar los valores que precisaba la nueva e incipiente democracia. Hacía falta desechar de una vez por todas los restos de un academicismo rancio y ciertas prácticas profesionales de carácter mercantilista. Los proyectos presentados a concurso por el estudio Viaplana – Piñón en los años ochenta devenían auténticos acontecimientos en el debate arquitectónico. Los edificios mostraban una elementalidad de formas y pureza fascinante, aunque la presencia de Eduard Miralles como colaborador del estudio no debe obviarse.

Pero no fue hasta sus primeras obras construidas cuando el estudio se dio a conocer al gran público. Los primeros trabajos que tuvieron una importante difusión correspondieron a espacios públicos: el parque del Besòs, el cementerio de Badalona y la plaza de la estación de Sants son tres buenos ejemplos en la manera de proyectar los espacios abiertos.

Para el estudio de arquitectos el rechazo absoluto a toda forma conocida era una norma básica, ya que no servía a sus intereses. El material podía surgir de la interpretación de un cuadro de Miró refundido en una pavimentación (cementerio de Badalona) o la disposición de bolas esféricas de hormigón prefabricado para marcar un camino emulando otro cuadro del mismo artista, como se hizo en el parque del Besòs.

Los restos de hierros entrecruzados en las playas para evitar un desembarco de tropas, como que se mostraban en las películas bélicas, les inspiraban unas balizas de iluminación (parque del Besòs). Una plancha de acero recortada con forma de gato en actitud vigilante se deposita sobre una pérgola aun a altura imposible de llegar para el animal (plaza de la estación de Sants). Aun báculo de semáforo se le cuelga en su extremo superior un reloj que marcará siempre las 9.50 en alusión a la importancia de la precisión del tiempo en las cercanías de toda estación (plaza de Sants) ya sí se podía añadir un interminable etcétera de episodios transformados en arquitectura que definían una nueva manera de concebir los proyectos.

Fragmentos entresaca dos de cuadros de pintura, sensaciones físicas experimentadas o transmitidas, recuerdos de imágenes de la infancia magnificadas en el tiempo por el impacto causado en la memoria; relatos de poesía o cualquier hecho cotidiano, servían para organizar un proyecto. Sólo se precisaba abstraerlos y convertirlos en material constructivo. Tras ello surgía un nuevo mundo de formas que cautivaron a todo el continente.

La influencia de Viaplana en las nuevas generaciones de arquitectura desde los años ochenta hasta finales de siglo fue indiscutible. Su trayectoria docente reforzaba su difusión ya que también como profesor tuvo una trascendencia similar. Así ayudó a colocar a Catalunya en la vanguardia arquitectónica.

Las maneras de proyectar de las nuevas generaciones se adaptaron al uso de las nuevas formas y sistemas de composición. La plaza de la estación de Sants, galardonada con el premio FAD en 1985, fue la pieza singular en el camino de peregrinación de todos los arquitectos europeos que recalaban en nuestra ciudad para comprobar los nuevos paradigmas en la proyección del espacio urbano.

Cuando llegó el turno a los edificios construidos ocurrió algo parecido. Las elementales geometrías que parecían inmateriales en los proyectos de concurso empezaron a tomar forma y con ello la fascinación de verlos realizados con una fidelidad milimétrica a como fueron dibujados: un centro ambulatorio en Osona, una biblioteca en Sant Just Desvern, el centro de arte Santa Mónica en la Rambla de Barcelona , los edificios puente de la Vila Olímpica y la reforma de un antiguo complejo de caridad en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), que a mi juicio ha sido su mejor obra.

El CCCB aporta elementos en su organización interior que fueron de una novedad extraordinaria. Elementos que han sido objeto de reinterpretaciones en otras arquitecturas. No es exagerado decir que varias aportaciones de Viaplana fueron objeto de relecturas y referencias en otras construcciones.

La arquitectura de Albert Viaplana tuvo una tremenda incidencia en Barcelona como demuestran el Hilton de la Diagonal, el hotel Barceló en la cubierta de la estación de Sants, el edificio Maremàgnum en el puerto, junto a la pasarela como continuación de la Rambla y finalmente la plaza Lesseps.

La urbanización de la plaza Europa en l’Hospitalet y la ejecución del primer anillo de edificios de oficinas que permitiría entender la complejidad y el acierto del espacio urbano quedarán como proyecto inacabado cuya valoración precisa de su total terminación, aspecto que la crisis del sector ha impedido.

Albert Viaplana nos ha dejado un 14 de mayo en su localidad natal (Vinebre), pero nos queda su enorme legado, que muchos arquitectos y amantes de su arquitectura tendremos presente y nos acompañará a través de su pensamiento, de sus proyectos y obras, de sus escritos y dibujos.