Una ‘catedral’ para la cultura

Una ‘catedral’ para la cultura

El despacho Espinet/Ubach (AxA) ganó el concurso público con un proyecto que prevé que el Celler Cooperatiu de Vila-seca pueda acoger desde obras de teatro a proyecciones de cine, conferencias, conciertos, exposiciones, presentaciones…

Publicado en La Vanguardia el 17 de febrero de 2020

En marcha las obras para convertir la imponente bodega noucentista de Vila-seca en una sala cultural que podrá ‘enterrar’ todas sus butacas

Angel Guimerà las llamó «catedrales del vino». Imponentes edificios, por estética y funcionalidad, que heredaban modernismo pero imponían personalidad. Entre ellos, el Celler Cooperatiu de Vila-seca. A diferencia de otros, esta catedral dejó de funcionar en los años setenta del siglo pasado como templo productor de vino e inicia ahora una nueva y prometedora vida como contenedor cultural. La nave principal se convertirá en una sala polivalente capaz de esconder sus más de 500 butacas bajo el suelo en una intervención que desnuda la esencia del edificio tirando al suelo una de sus paredes.

La obra de rehabilitación y transformación de este edificio es la mayor inversión en una infraestructura cultural que se está llevando a cabo en el sur de Catalunya. La apuesta del Ayuntamiento de Vila-seca se concreta en una inversión de ocho millones de euros, cofinanciados al 50% por los fondos europeos Feder y la otra mitad por el Consistorio. «La clave es que el edificio se utilice mucho, que no sea un equipamiento para abrir de vez en cuando, sino que sea muy abierto, que pueda acoger muchos actos y de todo formato», explica Miquel Espinet, director del despacho de arquitectura Espinet/Ubach, que ganó el concurso público con un proyecto que prevé que el Celler pueda acoger desde obras de teatro a proyecciones de cine, conferencias, conciertos, exposiciones, presentaciones…

El ambicioso proyecto, cofinanciando con fondos europeos, supone una inversión de más de ocho millones

Las obras comenzaron hace unos días con el objetivo de abrir esta nueva catedral de la cultura en el 2021. La nave principal, de 600 m2 , será el centro neurálgico del equipamiento. La estructura original se conservará totalmente, pero el pavimento se levantará hasta a la altura de las viejas tinas para que así puedan esconderse todas las instalaciones necesarias para el funcionamiento del edificio y también las butacas cuando la programación así lo requiera. El espacio tendrá una tribuna retráctil con capacidad para 382 personas y otras móviles para 135 espectadores más, lo que le dará un aforo de 517 personas sentadas. Con las butacas guardadas, con la sala libre y sin obstáculos, el aforo de pie será de 945 personas.

Esta opción garantiza la versatilidad del espacio, pero lo que otorgará la singularidad y la nueva personalidad a la vieja bodega es el derribo de la pared donde se ubicará el escenario para incrustarle un nuevo edificio de cristal, lo que permitirá la entrada de luz natural en toda la sala y también su visión desde el exterior. «La caja escénica será una edificación nueva que, además del escenario, contendrá los vestuarios y los espacios de carga y descarga para los espectáculos y actos programados y un sótano donde se ubicarán las instalaciones», explica Berta Grau, la arquitecta jefa del proyecto.

En paralelo a la fachada lateral de la nave principal se levantará otro pabellón de cristal para acoger las zonas de administración, servicios y atención al público y conectar todos los espacios del equipamiento. Entre ellos, aquel en el que antiguamente se hacía la recepción de la uva, que se convertirá en un centro de interpretación sobre la historia del Celler Cooperatiu. «Queríamos poner en valor la figura de su arquitecto, Pere Domènech i Roura, su obra y la importancia que tuvo la cooperativa para el municipio y utilizaremos nuevas tecnologías, un espectáculo de mappingy experiencias de realidad virtual», añade Miquel Espinet.

Mientras comienzan las obras de este futuro centro cultural, este arquitecto y los técnicos municipales estudian la transformación de todo el entorno, donde se levanta también el restaurado castillo del conde De Sicart, que se convertirá en un polo cultural para el municipio y para el Camp de Tarragona.»

Del modernismo al noucentisme

En el Celler de Vila-seca, el arquitecto Pere Domènech i Roura se distancia del modernismo que su padre recreó en la casa Navàs o en el Palau de la Música para adentrarse en el noucentisme. El Estadi Olímpic de Montjuïc, el Palau de la Premsa, fueron algunas de las obras del hijo, que arrancó su carrera terminando emblemáticos proyectos del progenitor, Lluís Domènech i Montaner, como el instituto Pere Mata de Reus o el hospital de Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. «La de Domènech i Roura es una figura muy interesante que actúa de puente, aunque siempre mantiene cierta influencia de su padre en cuanto a sistemas constructivos, el uso del ladrillo, las vueltas o los arcos», explica el arquitecto Miquel Espinet.