Amsterdam. Nueva vida para la vieja arquitectura | Llàtzer Moix

Amsterdam. Nueva vida para la vieja arquitectura | Llàtzer Moix

Publicat el 8 de Desembre a La Vanguardia

Una monumental grúa de los astilleros NDSM de Amsterdam se abrirá al público en las próximas semanas convertida en hotel de lujo. Publicado el 8 de Diciembre en La Vanguardia

Una monumental grúa de los astilleros NDSM de Amsterdam se abrirá al público en las próximas semanas convertida en hotel de lujo. Tiene 50 metros de altura, tres habitaciones a no menos de 500 euros la noche y un jacuzzi con vistas panorámicas en la cota superior. El promotor inmobiliario Edwin Kornmann Rudi afirma, tras haber embarcado a unos treinta inversores en esta metamorfosis de 2,3 millones de euros, que «Amsterdam es una ciudad llena de oportunidades para los visionarios».

El Faralda NDSM Crane hotel constituye un ejemplo extremo de la fiebre transformadora que vive Amsterdam, dispuesta a insuflar nueva vida en su vieja arquitectura. Y, de este modo, regenerar zonas urbanas en desuso o degradadas. Con cerca de 800.000 habitantes (2.333.000 en el área metropolitana), la mayoría de entre 25 y 35 años, Amsterdam actúa espoleada por la necesidad de hallar nuevos espacios para viviendas, hoteles y oficinas. «Hay que transformar el parque arquitectónico. Por una parte tenemos un 18% de las oficinas vacío. Por otra, los usos laborales han evolucionado, reduciendo a la mitad el espacio necesario para cada oficinista», dice Paul Oudeman, responsable municipal de intermediación entre propietarios y nuevos gestores para reconvertir esos viejos edificios. Siguiendo tal criterio, en tres años se han renovado 200.000 metros cuadrados de oficinas.

En estos espacios se han instalado, entre otros servicios, hasta dieciséis nuevos hoteles (del total de 400 que tiene Amsterdam, capacidad que se quiere ampliar un 15% en diez años). Uno de ellos está en la zona sudoeste de Amsterdam, donde dos viejos edificios de oficinas de una editorial, a los que se ha añadido un tercero de nueva planta, se han transformado en un hotel para estudiantes muy cool, con 700 camas y otras tantas bicis. «La movilidad de los estudiantes crece, y con ella este tipo de establecimientos. Ya hemos abierto hoteles en Lieja, Rotterdam y Amsterdam. En 2014 abriremos otro en Rotterdam y uno en La Haya. Y ya buscamos oficinas para transformarlas e inaugurar el segundo de Amsterdam», dice Frank Uffen, cofundador de la fundación The Class of 2020, que renueva estos servicios hoteleros.

A veces, semejantes transformaciones se prolongan varios años para, entretanto, recaudar fondos que ayuden a sufragarlas. Es el caso de una antigua fábrica de maquinaria en De Overkant, comprada por una cooperativa social para convertirla, hacia 2020, en 100.000 metros cuadrados de viviendas. De momento, tras un acondicionamiento básico, se alquila allí la inmensa nave central para eventos y sus otros espacios albergan ya un centro de producción de danza, un enorme restaurante de pescado, un fab lab y, pronto, un mercado de productos frescos.

Los cambios de uso tienen raíces en Amsterdam, una ciudad en la que se conservan casi 9.000 edificios de los siglos XVI, XVII y XVIII. El Palacio Real, construido en el XVII en la plaza Dam, fue antes Ayuntamiento. El Museo Marítimo Nacional, también del XVII, fue el arsenal de la Marina Holandesa. Y, en plena oleada hippy, allá por 1967, una iglesia fue ocupada y audazmente convertida en Paradiso, un «centro de relajación cósmica».

Esta práctica sigue viva en operaciones de transformación o ampliación de mayor altura estética en algunas de las principales piezas arquitectónicas de Amsterdam, como el Rijksmuseum, que alberga los tesoros de Rembrandt, y el Steidelejk Museum, dedicado al arte contemporáneo. El Rijks ha sido reformado durante más de diez años según proyecto de los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz. Su objetivo era lograr un gran vestíbulo, mediante la unión subterránea de las alas este y oeste. «Se trataba de equilibrar lo viejo y lo nuevo, y de hacerlo con convicción, pero también con austeridad y discreción, sin que el resultado revelara el esfuerzo que ha supuesto», dice el arquitecto Thomas Offermans, colaborador de Cruz/Ortiz. Esa búsqueda de la armonía entre lo nuevo y lo viejo ha sido sustituida en el Steidelejk por la búsqueda del contraste. El equipo Benthem/Crouwel ha levantado junto a la sede histórica de inspiración neo renacentista y ladrillo rojo un anexo popularmente conocido como La bañera, debido a su único y característico volumen blanco. «No buscábamos un edificio icónico, hemos primado la funcionalidad, pero lo cierto es que el resultado es algo icónico», admite Mels Crouwel.

El ayuntamiento de Amsterdam organizó recientemente una visita de prensa para conocer estas y otras reconversiones; como, por ejemplo, el nuevo distrito de Ijburg, en la zona este, integrado por varias islas artificiales, con bloques de pisos convencionales y, también, con casas flotantes que constituyen una versión siglo XXI de las 2.800 embarcaciones-vivienda amarradas en los canales de la ciudad. Y albergó a los periodistas invitados en el Lloyd hotel. Proyectado por el arquitecto Evert Breman, el Lloyd fue en los años 20 y 30 la última escala europea para los emigrantes que embarcaban hacia el Nuevo Mundo. Fue luego centro para los refugiados judíos que huían de los nazis; y, a continuación, prisión nazi. Albergó después, sucesivamente, un reformatorio juvenil, y un espacio de creación en el que numerosos artistas montaron sus estudios. Y es ahora un singular hotel interclasista, con habitaciones de una, dos, tres, cuatro y cinco estrellas: otra muestra de la fiebre transformadora de Amsterdam que esboza esta nota.Tiene 50 metros de altura, tres habitaciones a no menos de 500 euros la noche y un jacuzzi con vistas panorámicas en la cota superior. El promotor inmobiliario Edwin Kornmann Rudi afirma, tras haber embarcado a unos treinta inversores en esta metamorfosis de 2,3 millones de euros, que «Amsterdam es una ciudad llena de oportunidades para los visionarios».

El Faralda NDSM Crane hotel constituye un ejemplo extremo de la fiebre transformadora que vive Amsterdam, dispuesta a insuflar nueva vida en su vieja arquitectura. Y, de este modo, regenerar zonas urbanas en desuso o degradadas. Con cerca de 800.000 habitantes (2.333.000 en el área metropolitana), la mayoría de entre 25 y 35 años, Amsterdam actúa espoleada por la necesidad de hallar nuevos espacios para viviendas, hoteles y oficinas. «Hay que transformar el parque arquitectónico. Por una parte tenemos un 18% de las oficinas vacío. Por otra, los usos laborales han evolucionado, reduciendo a la mitad el espacio necesario para cada oficinista», dice Paul Oudeman, responsable municipal de intermediación entre propietarios y nuevos gestores para reconvertir esos viejos edificios. Siguiendo tal criterio, en tres años se han renovado 200.000 metros cuadrados de oficinas.

En estos espacios se han instalado, entre otros servicios, hasta dieciséis nuevos hoteles (del total de 400 que tiene Amsterdam, capacidad que se quiere ampliar un 15% en diez años). Uno de ellos está en la zona sudoeste de Amsterdam, donde dos viejos edificios de oficinas de una editorial, a los que se ha añadido un tercero de nueva planta, se han transformado en un hotel para estudiantes muy cool, con 700 camas y otras tantas bicis. «La movilidad de los estudiantes crece, y con ella este tipo de establecimientos. Ya hemos abierto hoteles en Lieja, Rotterdam y Amsterdam. En 2014 abriremos otro en Rotterdam y uno en La Haya. Y ya buscamos oficinas para transformarlas e inaugurar el segundo de Amsterdam», dice Frank Uffen, cofundador de la fundación The Class of 2020, que renueva estos servicios hoteleros.

A veces, semejantes transformaciones se prolongan varios años para, entretanto, recaudar fondos que ayuden a sufragarlas. Es el caso de una antigua fábrica de maquinaria en De Overkant, comprada por una cooperativa social para convertirla, hacia 2020, en 100.000 metros cuadrados de viviendas. De momento, tras un acondicionamiento básico, se alquila allí la inmensa nave central para eventos y sus otros espacios albergan ya un centro de producción de danza, un enorme restaurante de pescado, un fab lab y, pronto, un mercado de productos frescos.

Los cambios de uso tienen raíces en Amsterdam, una ciudad en la que se conservan casi 9.000 edificios de los siglos XVI, XVII y XVIII. El Palacio Real, construido en el XVII en la plaza Dam, fue antes Ayuntamiento. El Museo Marítimo Nacional, también del XVII, fue el arsenal de la Marina Holandesa. Y, en plena oleada hippy, allá por 1967, una iglesia fue ocupada y audazmente convertida en Paradiso, un «centro de relajación cósmica».

Esta práctica sigue viva en operaciones de transformación o ampliación de mayor altura estética en algunas de las principales piezas arquitectónicas de Amsterdam, como el Rijksmuseum, que alberga los tesoros de Rembrandt, y el Steidelejk Museum, dedicado al arte contemporáneo. El Rijks ha sido reformado durante más de diez años según proyecto de los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz. Su objetivo era lograr un gran vestíbulo, mediante la unión subterránea de las alas este y oeste. «Se trataba de equilibrar lo viejo y lo nuevo, y de hacerlo con convicción, pero también con austeridad y discreción, sin que el resultado revelara el esfuerzo que ha supuesto», dice el arquitecto Thomas Offermans, colaborador de Cruz/Ortiz. Esa búsqueda de la armonía entre lo nuevo y lo viejo ha sido sustituida en el Steidelejk por la búsqueda del contraste. El equipo Benthem/Crouwel ha levantado junto a la sede histórica de inspiración neo renacentista y ladrillo rojo un anexo popularmente conocido como La bañera, debido a su único y característico volumen blanco. «No buscábamos un edificio icónico, hemos primado la funcionalidad, pero lo cierto es que el resultado es algo icónico», admite Mels Crouwel.

El ayuntamiento de Amsterdam organizó recientemente una visita de prensa para conocer estas y otras reconversiones; como, por ejemplo, el nuevo distrito de Ijburg, en la zona este, integrado por varias islas artificiales, con bloques de pisos convencionales y, también, con casas flotantes que constituyen una versión siglo XXI de las 2.800 embarcaciones-vivienda amarradas en los canales de la ciudad. Y albergó a los periodistas invitados en el Lloyd hotel. Proyectado por el arquitecto Evert Breman, el Lloyd fue en los años 20 y 30 la última escala europea para los emigrantes que embarcaban hacia el Nuevo Mundo. Fue luego centro para los refugiados judíos que huían de los nazis; y, a continuación, prisión nazi. Albergó después, sucesivamente, un reformatorio juvenil, y un espacio de creación en el que numerosos artistas montaron sus estudios. Y es ahora un singular hotel interclasista, con habitaciones de una, dos, tres, cuatro y cinco estrellas: otra muestra de la fiebre transformadora de Amsterdam que esboza esta nota.