Barcelona y el corral de la Pacheca | Jaume de Oleza (AxA)

Barcelona era una ciudad que estaba posicionada en el mapa mundial, en cuanto a urbanismo y diseño

Publicado en Metrópoli el 27 de marzo de 2021

«El corral de la Pacheca» era una frase que definía el lugar donde reinaba la confusión y el desconcierto, y que provenía del sitio donde se representaban las obras de teatro del Siglo de Oro español. El corral, que así se llamaba, era un teatro situado en la calle Príncipe de Madrid y era propiedad de Isabel Pacheco, a la que llamaban por aquel entonces La Pacheca. Cuando se representaba una obra teatral, sus partidarios y aquellos a los que les gustaba el espectáculo, como es normal, aplaudían. Sin embargo, los detractores gritaban y pateaban el suelo. De esta forma, la confusión se adueñaba de semejante espectáculo. Pues bien, algo parecido sucede en nuestra ciudad, como consecuencia de las propuestas de diseño urbano que estamos viendo y que se están aplicando en nuestras calles. Lo que era una metrópolis admirada por los ciudadanos de medio mundo, y que se mostraba como una urbe actual y moderna, ha sucumbido a la cutrez y al desconcierto. Barcelona era una ciudad que estaba posicionada en el mapa mundial, en cuanto a urbanismo y diseño. Una ciudad que valía la pena visitar. Por este motivo, tanto el turismo como las empresas suspiraban por venir y ubicarse en nuestra ciudad. En definitiva, la capacidad creadora era la columna vertebral del concepto que todo el mundo tenía de Barcelona. Una ciudad que había hecho de la innovación y la creatividad un relato de la misma, identificándose y vanagloriándose internacionalmente.

Cabe destacar, y no es para menos, la existencia de muchas prestigiosas universidades de diseño que se encuentran en nuestra ciudad, y que han contribuido en la formación de multitud de profesionales, que han hecho posible posicionar Barcelona como un enclave moderno y actual. Diversas asociaciones y entidades también fueron un caldo de cultivo de esta disciplina, como el FAD, el Macba el CCCB, el BCD, la Fundación Mies van der Rohe, entre otras muchas. Unas instituciones que abrigaron esta disciplina velando por la misma y que sirvieron de base para la creación del Museo del Diseño de Barcelona. Un museo de extraordinario valor y que cuenta con más de 70.000 objetos. Esto nos da una idea de la importancia y lo arraigado del diseño en nuestra ciudad.

Sin lugar a dudas, la modernidad ha sido una herramienta y motor que ha contribuido a la transformación social de nuestra sociedad, contribuyendo con talento y creatividad a la imagen de una ciudad que disponía de un gran impulso económico, tecnológico, de innovación y cultural. Una identificación que ha venido avalada por las exposiciones universales realizadas en los años 1888 y 1929, así como por la celebración de las Olimpiadas del año 92. Unos eventos de suma importancia, que convirtieron Barcelona en la capital del mundo.

Hoy en día, la ciudad que fue un referente y que transformó aquella frase a modo de chiste, de «estudias o trabajas» en «estudias o diseñas»se ha convertido en la actualidad por desgracia, en un esperpento. Solo hay que pasearse y ver el pinta y colorea de las calzadas, los postes metálicos y bloques de hormigón de carreteras puestos como protección para terrazas de bares y restaurantes, pintados en amarillo. Cuando no, las protecciones de las terrazas aprovechando los containers de basuras. Un auténtico disparate, al que bien se podría añadir por algún iluminado de turno, y para rematar el desaguisado, la colocación de las antiguas latas de tomate frito aprovechadas como maceteros, en lo que bien podría ser un diseño francamente sostenible y reciclable… Un conjunto de propuestas que son un auténtico despropósito y que altera ostensiblemente lo que nunca se tendría que haber perdido y que es la marca Diseño Barcelona. Y para acabarlo de arreglar, solo nos faltaba ver las bolsas de tela de la campaña Compra a prop i compraràs sostenible realizadas para el distrito de Gràcia, que para colmo están fabricadas en China. Me viene a la memoria aquella frase de Miguel de Unamuno que decía: «¡¡¡Que inventen ellos!!!», y que en nuestro caso bien podría ser «¡¡¡Que diseñen ellos..!!!».