Infinito Delicias–impulsado por la Fundación Daniel et Nina Carasso–propone una tipología mixta e inhabitual
Publicado en La Vanguardia el 9 de julio de 2026
El premio FAD de arquitectura de este año se ha concedido ex aequo a dos obras, una levantada en Barcelona y otra en Madrid. De la primera, la reforma del centro cívico, el mercado y la biblioteca de Sagrada Família, ya hablamos aquí el pasado 29 de marzo. De la segunda, el centro cultural Infinito Delicias, hablaremos hoy.
Corren tiempos de creciente conciencia medio ambiental en el mundo de la arquitectura, y este Infinito Delicias, dedicado a la actividad cultural y culinaria, es una buena prueba de ello. Empezando por la decisión inicial de no construir un edificio de nueva planta, sino reaprovechar parte de un viejo complejo industrial (en concreto su estructura de cerchas metálicas) y edificar el resto con madera, que es de castaño en las partes estructurales añadidas, de alerce en los exteriores y de pino en la tabiquería.
Siguiendo por la voluntad de que todos los rincones del edificio tuvieran iluminación y ventilación natural, algo siempre meritorio, y más en un edificio entre medianeras como este. También por el deseo de disponer de un gran vestíbulo o patio de acceso, a cubierto, que en cierta medida da continuidad al espacio callejero. Y acabando con una firme voluntad de contener el gasto energético, recurriendo a la geotermia, la aerotermia, la energía solar o la ventilación cruzada, en busca de un espacio atemperado–que no artificialmente climatizado–. Todo ello, con resultados razonablemente satisfactorios, según pude comprobar el día de junio que lo visité, cuando los termómetros marcaban en la calle 35 grados.
Infinito Delicias–impulsado por la Fundación Daniel et Nina Carasso–propone una tipología mixta e inhabitual, en la que conviven un auditorio de un centenar de plazas, dos aulas para eventos, cinco plantas para coworking, dosr estaurantes (uno fijo y otro de dirección cambiante, que funciona a modo de incubadora), huertos urbanos perimetrales, etcétera.
Lograr una buena convivencia entre actividades tan dispares no era sencillo. Pero Husos yElii, los dos estudios autores del proyecto, lo han conseguido mediante un tratamiento generoso de los espacios y un uso homogéneo de los materiales, en particular de la madera. También es de madera buena parte del mobiliario, diseñado por Lucas Muñoz (Restaurante Mo, Guía Repsol) e inscrito en un proyecto de contenidos que firma Ultrazul.
Además de su vocación como centro de motor de transformación social y cultural comunitaria, destaca en este Infinito Delicias la ejemplaridad en términos de sostenibilidad. De tal modo que bien podríamos referirnos a él como a un cóctel o un concentrado de buenas prácticas arquitectónicas respetuosas con el medioambiente







