¡Viva el banco! | Juli Capella (AxA)

¡Viva el banco! | Juli Capella (AxA)

La solución para evitar conflictos urbanos no debe ser nunca quitar bancos de la calle, que son iconos de urbanidad

Publicado en El Periódico el 11 de septiembre de 2025 | Foto: Hasta 10 bancos y 17 sillas, con éxito de público, pueblan la reurbanización de los jardines. | Jordi Otix

Primero fue el banco para sentarse. Y mucho después llegó el banco para prestar dinero. Acercarse al banco, a la bancada del centro de las ciudades, servía para pedir un préstamo. Y cuando el prestador engañaba le rompían el banco, era su bancarrota. Ahora se habla de bancos en Barcelona. Los quieren quitar de algunas zonas, porque la gente duerme en ellos, los usa para drogarse o vender comida o trapichear, que es como empezaron, curiosamente.

Barcelona es la ciudad del mundo que mejores bancos –para sentarse– ha diseñado. Y es una pena que los retiren cuando siguen haciendo falta muchos más de los apenas 6.000 que tenemos. Voy a citar solo tres ejemplos locales, y un bodrio inglés.

Uno. El banco Catalano, con su curva ergonómica emulando el banco de Gaudí del Parque Güell, es una genialidad. Lo inventaron Lluís Clotet y Oscar Tusquets hace medio siglo y aun lo sigue produciendo BD, Barcelona Design. Es un módulo componible al infinito, de metal deployé, lo cual lo hace transparente, no estorba a la vista. Es cálido en invierno y fresco en verano. No acumula lluvia. Esas y otras virtudes le comentaba yo en una exposición en el Centro de Arte Reina Sofia a Álvarez del Manzano, por entonces alcalde de Madrid. A su lado, la por entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre aplaudía. Ambos estaban entusiasmados: “Porque como solo mide un metro, así no podrá nadie tumbarse a dormir”. Obsesionados ya los del PP en los años 90 con que los bancos no hiciesen de cama.

Dos. Aquí, sin embargo, Miguel Milá, el experto bancario por excelencia, se lamentaba: “No me gustan los bancos de una persona. Si los ponen para que la gente sin techo no pueda dormir, están escondiendo un problema que debería resolver la sociedad”. Él se había fijado en cómo le costaba a la gente mayor levantarse de los bancos románticos de toda la vida. Eran demasiado bajos y con respaldo inclinado. Por eso creó el NeoRomántico, un clásico imperecedero para relacionarse que, editado por Urbidermis, lleva más de tres décadas amueblando España y muchas otras ciudades del mundo. Es solo el mejor de una larga serie de bancos afables del añorado maestro, que nos dejó el verano pasado. (Por cierto, se puede ver una estupenda exposición de Milá en el DHUB hasta finales de septiembre).

Tres. Si hay un sitio donde los bancos tienen sentido, ese es la iglesia. Allí se reúnen los feligreses, se desean la paz con los compañeros de banco y luego comulgan. Pero luego esos bancos permanecen desiertos. Sensible a esa inoperancia, al diseñador hiperfuncionalista Curro Claret, se le ocurrió hacer ‘Por el amor de Dios’, un banco de iglesia con un respaldo reclinable que lo convierte en cama. Para así recuperar la tradición cristiana, que permitía durante las 24 horas del día acoger a personas que por diferentes motivos necesitasen esporádicamente un lugar donde dormir. Peio Sánchez, rector de la iglesia de Santa Anna en Barcelona, le encargó en 2019 una decena. Pasen a verlo o a usarlo si lo necesitan.

Sin embargo a nosotros nos disgusta que los sintecho los usen para dormir. Que los borrachos duerman la mona. La solución al parecer es quitar los bancos. Tal vez sean más peligrosos los otros bancos, los comerciales, primero por cómo desertizan y afean las calles, con sus otrora fachadas frías y ostentosas, o ahora con sus falsos interiores maqueados de ‘friendly business’ café. Pero, además, con su cruel política de desahucios y récord de beneficios. A lo mejor son estos los bancos que sobran en la ciudad.

Y el bodrio. En el barrio londinense de Camden, el ayuntamiento decidió hacer un banco donde no pudiese dormir la gente, que no se pudiese vandalizar, que no se pudiese mover para evitar ataques terroristas, que no pudiesen usar los ‘skaters’,… Es decir, un búnker, donde no le gusta sentarse a nadie. Un ejemplo del llamado mobiliario urbano hostil, ese que intenta que no puedas cobijarte, ni sentarte, ni apoyarte. Con pinchos y elementos agresivos. Lo han bautizado como “masa amorfa beligerante” y, además de carísimo, es feísimo. Fruto de un diseño en comisión, que tanto place a burócratas pacatos. ¿Verdad que nunca tendremos uno así en Barcelona?

Resum de la privadesa

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